Mallorca tiene dos denominaciones de origen, Binissalem y Pla i Llevant, y cuatro uvas propias que apenas existen fuera de la isla: Manto Negro, Callet, Prensal Blanc y Giró Ros. No se parecen a un Rioja ni a un Ribera. Antes de que llegara la filoxera, en 1891, había aquí aproximadamente 30.000 hectáreas de viña; hoy queda una fracción.
01Dos denominaciones de origen, y ninguna donde te alojas
**Binissalem** fue la primera denominación de origen de las Baleares. Cubre cinco municipios del llano central, en el eje entre Palma e Inca: Binissalem, Consell, Santa Maria del Camí, Sencelles y Santa Eugènia. Es tierra plana, de suelos calizos, con la Serra de Tramuntana como pared al norte. Su columna vertebral es el Manto Negro.
**Pla i Llevant** es la otra, y ocupa la mitad este de la isla: Felanitx, Manacor, Petra, Porreres y su entorno. Llegó después y es más abierta en variedades. Y hay una tercera categoría que conviene conocer: buena parte del vino más interesante de Mallorca se embotella fuera de las dos DO, como **Vi de la Terra Mallorca**, porque el productor quiere mezclar con Cabernet o Syrah, o trabajar sin las restricciones del reglamento. Una etiqueta sin DO aquí no significa vino menor.
02Las cuatro uvas que casi solo crecen aquí
El **Manto Negro** es la tinta principal de la isla. Tiene la piel fina y poca carga tánica, así que da vinos de color medio y cuerpo ligero: quien viene esperando un tinto denso de meseta se lleva una sorpresa, casi siempre buena. El **Callet** es la otra tinta autóctona, más aromática y con una acidez que aguanta el calor mejor de lo que se supone en una isla mediterránea; se usa en tintos ligeros y en rosados con carácter.
En blancos manda el **Prensal Blanc**, que en Mallorca se llama también **Moll**: es la misma uva con dos nombres, y confunde a mucha gente al leer la contraetiqueta. Da blancos secos, de fruta blanca y poca ostentación. El **Giró Ros** estuvo a punto de desaparecer y varias bodegas lo han recuperado en las últimas décadas. Detrás vienen otras casi extintas —Fogoneu, Escursac, Gorgollassa— que se están replantando en parcelas pequeñas. Ninguna de estas variedades tiene presencia real en el mercado internacional, y esa es exactamente la razón para probarlas aquí.
03Por qué la isla está llena de almendros
En la segunda mitad del siglo XIX la filoxera arrasó el viñedo francés, y Mallorca se llenó de dinero vendiendo vino a granel a Francia. Se plantó viña en todas partes: aproximadamente 30.000 hectáreas, una superficie que hoy resulta difícil de imaginar cuando se cruza el llano.
En 1891 el insecto llegó a la isla y lo destruyó todo en pocos años. Los propietarios arrancaron la viña muerta y plantaron almendros, que daban renta sin esperar. Los almendros en flor de febrero que llenan las postales de Mallorca son, literalmente, la cicatriz de una industria del vino que desapareció. La replantación seria de viñedo no empezó hasta las últimas décadas del siglo XX, y por eso la escena actual es tan joven: bodegas con siglos de finca y muy pocas añadas de historia moderna.
04El mapa del vino y el mapa de tu viaje no coinciden
Las dos denominaciones están en el interior llano, que es justo donde no se aloja nadie. Binissalem queda a unos 25 kilómetros de Palma y Felanitx a unos 50, por carreteras secundarias. Quien está en Palma, en el suroeste o en la Tramuntana y quiere ver una bodega del Pla se pasa buena parte del día conduciendo de ida y de vuelta, con la cata en medio.
De ahí que en la práctica haya dos planes distintos. Uno es dedicar el día a la denominación: coche, interior, dos fincas y comer por allí. El otro es catar donde ya estás. El valle de Sóller no es zona de DO —es de cítricos y bancales— pero una cata privada guiada por el enólogo, con tiempo para preguntar, es la parte que de verdad cambia cómo compras después. Eso es lo que hacemos en **Sa Cabana**, una finca histórica entre montañas, en el mismo día que Fornalutx y Sóller.
05Lo que nadie calcula al organizarlo: quién conduce
El límite de alcoholemia en España es de 0,5 gramos por litro en sangre —0,25 miligramos por litro en aire espirado— y baja a 0,3 para conductores con menos de dos años de carné. Una cata en condiciones son varias copas. O alguien del grupo no bebe, o no se conduce: no hay una tercera opción, y las carreteras del interior y de la Tramuntana no son el sitio para negociarlo.
Nuestra ruta de vino son cinco horas con recogida en el hotel: Fornalutx, Sóller y cata privada en Sa Cabana con el enólogo de la bodega. Cuesta 860 € de una a tres personas y 940 € de cuatro a seis, con un máximo de seis pasajeros y 110 € por hora extra si el día se alarga. Nadie del grupo tiene que quedarse mirando la copa.
¿Cuáles son las denominaciones de origen de Mallorca?
Dos: Binissalem, en el llano central entre Palma e Inca, y Pla i Llevant, en la mitad este de la isla. Además, mucho vino mallorquín de calidad se embotella fuera de ambas como Vi de la Terra Mallorca, normalmente porque el productor quiere usar variedades o mezclas que el reglamento de la DO no admite.
¿Qué es el Manto Negro y a qué sabe?
Es la uva tinta autóctona de Mallorca y la base de los tintos de Binissalem. Tiene la piel fina y poco tanino, así que da vinos de color medio y cuerpo más ligero de lo que espera quien viene de un Rioja o un Ribera del Duero. Junto al Callet, el Prensal Blanc (o Moll) y el Giró Ros forma el cuarteto de variedades propias de la isla.
¿Cuál es la mejor época para una cata de vinos en Mallorca?
La vendimia mallorquina es de las más tempranas de España: suele arrancar en agosto y terminar a lo largo de septiembre, así que en esas semanas la bodega está en plena faena y se ve trabajar. De octubre a mayo hay menos gente y más tiempo del enólogo, que para una cata privada compensa. En pleno agosto conviene reservar con antelación.
¿Se puede hacer una ruta de bodegas conduciendo uno mismo?
Se puede, pero alguien tiene que quedarse sin beber: el límite es de 0,5 gramos por litro en sangre, y de 0,3 con menos de dos años de carné. Nuestra ruta de cinco horas —Fornalutx, Sóller y cata privada en Sa Cabana con el enólogo— cuesta 860 € de una a tres personas y 940 € de cuatro a seis, con recogida en el hotel.



